...Y es que muy duro se da uno cuando cree que al repetirse mil veces que ya está listo para la siguiente serie, las demostraciones de que no es así son seguidas y frecuentes.
Es cierto que te sientes liberado, las decisiones ya no tienes que consultarlas por ejemplo, pero es tal el grado de costumbre en el que ya estás envuelto que comienzas a pedirle la opinión a cuanto amigo y conocido existe al lado tuyo. Las opiniones son tan diversas que tomar decisiones a través de estadísticas se convierte en momentos reflexivos largos y complejos y los tiempos libres los dedicas a pensar en cuál será realmente la mejor dirección para tomar.
Pero lo más duro de todo son las noches. El efecto de la cama vacía comienza a hacer estragos en el alma y en el cuerpo. Mientras estuve casada, los últimos meses, ya comenzaba a acostumbrarme casi a dormir sola pero el hecho de pensar que volvería te hacía sentir que aunque se alejaba, estaba ahí. Sin embargo, ahora que ya definitivamente no estaba y no iba a volver, el frio del puesto de al lado se me iba pegando en el cuerpo, y titiritaba tanto que hasta el alma me temblaba. Y es ahí cuando comienzas a sentirte solo. Jamás había sentido tal miedo a la soledad como en esos días. Jamás había sentido tanto la necesidad de culpar a alguien por lo que estaba sintiendo. Lo cierto es que cuando uno no decide, la vida decide por uno y en ese caso no existen culpables.
Comenzaba a envidiar aquellos que tenían cojones para terminar una relación e inmediatamente comenzar la otra bajo la consigna que un clavo saca otro clavo. Hoy después de todo y una que otra experiencia mía y ajena, cuando las relaciones acaban, pierdes a alguien, y como toda pérdida… necesita un duelo. Date un tiempo para apagar las añoranzas y volver la nostalgia solo un buen recuerdo… Date un tiempo para la exhumación. Algunos reflexionan, otros lloran, pero el llanto, como la risa, no es eterno. Una amiga alguna vez me hizo caer en cuenta que cuando ríes y lloras de risa y el estómago duele, no puedes hacerlo más de dos minutos seguidos… el llanto no puede durar más que la risa.
Lo que uno vive, está ahí. No puedes olvidarlo, pero es posible superarlo, la rabia, el desconcierto… la culpa. Pero lo cierto es, que siempre puedes superarlo. Como siempre les digo a mis amigos, hay que apaciguar el espíritu. Y estando en esas me di cuenta que realmente no era miedo lo que sentía… era tedio. Y todo podía permitirme menos aburrirme por decisión propia. El espíritu se apaciguó, pero solo para coger impulso. Después de esto estás listo y entonces Qué viene? Generalmente el que se va se despide con la frase “no vas a encontrar a alguien como yo” y uno se retuerce de la verraquera… pero amigos déjenme decirles que efectivamente EsA eS lA iDeA.